La pugna por el dominio en el norte: La Guerra Nórdica de los Siete Años

Actualmente los países nórdicos son considerados por el resto como estados avanzados con unas relaciones entre ellos más que cordiales, pero el proceso que les ha llevado a ser un referente ha sido arduo y ha estado plagado de sucesos destacables no siempre idílicos. Uno de los episodios más remarcables que tuvo como protagonistas a estos países del norte de Europa fue la Guerra Nórdica de los Siete Años (1563 – 1570) que enfrentaría a Suecia y Dinamarca y, en menor medida, Noruega.

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Margarita I, reina de Dinamarca, Noruega y Suecia (1353-1412)

Desde el siglo XIV Dinamarca, Suecia y Noruega habían formado la Unión de Kalmar (Kalmarunionen) con relativo éxito. A pesar de que anteriormente habían sido independientes y rivales, bajo el gobierno de Margarita I los tres territorios se habían unido para hacer frente a la amenaza que suponía la Liga Hanseática en sus dominios. Era algo necesario ya que esta federación comercial de las ciudades norteñas de la actual Alemania se había extendido por diversos territorios hasta operar, entre otros, en amplias áreas del Báltico e incluso en Suecia, en donde se establecieron diversos puntos comerciales. Con el absoluto convencimiento de que debían proteger sus intereses económicos, los tres reinos y los territorios en donde se expandía su dominio (Finlandia, Islandia, Groenlandia y las Islas Feroe) se comprometieron a actuar unidos y, aunque consiguieron entorpedecer las relaciones comerciales de la Hansa, pronto surgieron las primeras discrepancias por el excesivo protagonismo, tanto político como comercial, de Dinamarca en el Báltico y el Mar del Norte.

Durante buena parte del siglo XV tendrían lugar algunas sublevaciones nobiliarias que fueron rápidamente sofocadas por los sucesivos monarcas, pero la relativa estabilidad no duraría mucho más. En 1520 Cristian II de Dinamarca, cansado de las intrigas de la aristocracia sueca, llevaría a cabo la Masacre de Estocolmo en donde cientos de nobles y clérigos suecos fueron asesinados. Ante lo horrible de los hechos se generó una animadversión aprovechada por algunas personalidades que abogaban por una ruptura definitiva con la Unión de Kalmar. Todo ello culminaría de forma definitiva en la Guerra Sueca de Liberación (1521-1523) en donde, acabada la contienda, Suecia dejaría de formar parte de la Unión. Si bien se cosideró positivo recuperar la autonomía que años atrás se había tenido, pronto Suecia se vió en una situación económica más delicada que la que mantenían sus vecinos, aún unidos bajo un mismo rey.

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Erik XIV de Suecia (1533-1577)

Dinamarca era por entonces inestable a nivel político, pero estaba consolidada económicamente. El país se había visto favorecido por el luteranismo y la consiguiente confiscación de tierras y bienes a la Iglesia, pero disponía de un rígido sistema estamental en donde la burguesía tenía poca importancia y el rey, la nobleza y el clero se nutrían del campesinado con unas abusivas cargas fiscales. En Suecia, por el contrario, la burguesía comenzaba a tener un papel preeminente, algo que junto a la supresión de los privilegios comerciales de Lübeck (ciudad hanseática alemana) y la exportación de hierro, cobre, pieles y mantequilla situaría poco a poco a Suecia en una excelente posición bajo el reinado de Gustavo I, primer rey de la dinastía Vasa. Su heredero Erik XIV aprovecharía entonces para llevar a cabo una agresiva política exterior motivada por las mejoras en el ejército impulsadas por su progenitor.

Los intereses del rey sueco entrarían en conflicto con los de Federico II, monarca de Dinamarca y Noruega. Con el objetivo de fortalecer económicamente sus dominios e incorporar a Suecia en una nueva Unión de Kalmar, iniciaría todo un proceso de expansión en donde Suecia tenía o pretendía tener presencia. El choque de intereses llevaría a una confrontación en donde aliados o antiguos enemigos como Lituania o Lübeck darían su apoyo a alguno de los bandos para obtener mayor protagonismo comercial.

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Federico II de Dinamarca y Noruega (1534-1588)

La guerra fue costosa y larga. Dinamarca conseguiría arrebatar su salida al Mar del Norte a Suecia, que contraatacaría en 1565 con brillantes victorias que le llevarían a destruir parcialmente la flota danesa y a hacerse con posiciones estratégicas como Öresund. La eventual debilidad danesa por mar fue aprovechada al invadir Erik XIV Noruega que, aunque unida a Dinamarca, había optado por mantenerse neutral en la confrontación. El cruento avance sueco por su territorio y algunos hechos en contra de la población harían que Noruega se aliara definitivamente con Dinamarca. La febril resistencia de los noruegos, que llegarían a deshabitar e incendiar Oslo ante la amenaza de ocupación definitiva, los nuevos frentes en el Báltico y los cada vez más acusados problemas mentales de Erik XIV servirían para que la guerra fuera favorable a Dinamarca. Federico II arrasaría como represalia territorios estratégicos como Smâland, pero sus ataques no encontrarían respuesta inmediata ya que el rey sueco sería depuesto por su propio hermano Juan, quien en 1568 se haría coronar como Juan III.

Conscientes del agotamiento de sus hombres y de sus propias arcas, y en base a los problemas que comenzaban a tener en otros frentes, Juan III buscaría un acuerdo satisfactorio que, sin embargo, no se constituiría hasta el 1570. Ese año, y gracias a la mediación del emperador Maximiliano II, se firmaría el Tratado de Stettin por el cual Federico II se comprometía a renunciar a sus pretensiones sobre Suecia a cambio, tal y como accedería Juan III, de que Suecia replegara su ejército de Noruega y zonas como Gotland y Escania, y pagase una suma por el control de Älsborg. Desde entonces nada sería igual. Dinamarca, apoyado por Noruega, mantendría el dominio del Báltico y del Mar del Norte obteniendo también el paso de Sund, que le reportaría enormes ganancias. Suecia, sin olvidar sus pretensiones político-económicas, se dedicaría a perfeccionar su ejército y a consolidar su economía como medida preventiva por si volvía a estallar una nueva confrontación. Y en efecto la lucha por el dominio del norte no había acabado, puesto que unos y otros volverían a entrar en guerra cuatro décadas después por el control económico del norte de Europa.

 

Vía| Floristán, A. (coord.) (2005). Historia Moderna Universal, Barcelona, Ariel ; Frost, R (2000). The northern wars: war, states and society in Northeastern Europe, 1558 – 1721, Pearson Education Limited

Más información| Nisbet Bain, R (1905). Scandinavia. A political history of Denmark, Norway and Sweden from 1513 to 1900, Cambridge, University Press

Imágenes| Margarita I, Erik XIV, Federico II

Colaboración publicada el 25/01/2015 en Qué Aprendemos Hoy. Para acceder a ella pincha aquí.

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