La Universidad española durante la dictadura: de la apatía a la acción

En pleno debate por las reformas en materia educativa emprendidas por los sucesivos gobiernos democráticos, no han sido pocas las voces críticas que han expresado su disconformidad ante lo que se considera un progresivo “retorno al pasado“, con un sistema que se perfila en el futuro más restrictivo en base a unas tasas cada vez más elevadas. Es innegable que el actual panorama político-social es diferente al que vivieron los estudiantes que cursaron sus estudios en un ambiente hostil en cuanto a libertades se refiere, pero ¿cúal era la realidad que se vivía en las universidades españolas durante los años en el poder de Franco? ¿Cómo era el alumnado universitario de entonces? ¿Cómo pasó la Universidad a ser un foco de resistencia contra el Régimen?

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Estudiantes afiliados al Sindicato Español Universitario (SEU), vigente desde 1934.

Durante el período republicano (1931-1936) las autoridades fomentaron una serie de medidas educativas que tenían como objetivos la alfabetización de una mayoría poblacional analfabeta, y una completa formación universitaria que equiparase a los alumnos de la universidad española con los estudiantes universitarios de los países más avanzados. La Guerra Civil (1936-1939), y en especial la victoria de los nacionales en 1939, supondría una remodelación en el mundo cultural y educativo. A partir de ese mismo año la universidad se vería transformada en base a una reordenación educativa, ya que con el objetivo de sanear a las futuras generaciones se impulsaría un desmantelamiento dentro de la esfera académica. Fue entonces cuando tuvieron lugar los exilios y las llamadas depuraciones por las cuales numerosos docentes a favor de una educación más laica e innovadora fueron apartados y sancionados, siendo las penas diversas y siempre dependientes de sus actuaciones durante la experiencia republicana y el conflicto fraticida. Gracias a ello numerosas universidades quedaron desprovistas de una gran parte de sus docentes, algo que intentaría paliarse con la Ley de Ordenación Universitaria de 1943. Diseñada por Pío Zábala y Lera, en ella se involucraba en la formación universitaria a la Iglesia, a la Falange y al ejército a través de unos nuevos planes de estudio en donde se incluían la religión y la educación física como materias obligatorias. Asimismo los estudiantes y profesores, que debían jurar los principios del Régimen, debían estar estar afiliados obligatoriamente al SEU (Sindicato Español Universitario), reconociéndose únicamente su derecho a reclamación individual.

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Joaquín Ruíz-Giménez Cortés, ministro de Educación (1951-1956)

Después de la ratificación de Franco en el poder a nivel internacional, y gracias a la alianza con EE.UU y sus aliados en plena Guerra Fría, a partir de la década de los 50 se consideró necesario abandonar la línea dura de actuación llevada a cabo hasta el momento. Apostando por un aperturismo a todos los niveles se dio entrada en el gobierno a nuevos ministros que, debido en parte a su formación católica, poseían un talante más innovador. Joaquín Ruiz-Giménez sería trascendental para el cambio. Abogado y catedrático en Derecho, y combatiente nacional durante la Guerra Civil, en calidad de diplomático había conseguido la firma de un nuevo Concordato con la Santa Sede, siendo ésto, su valía profesional y su conocimiento de la situación universitaria lo que le llevaría a ser nombrado ministro de Educación en 1951.

Consciente de los males que afectaban a la Universidad, y habiéndose rodeado previamente de colaboradores afines, inició una moderada reforma que culminaría en 1953. Se varió, por ejemplo, la forma de selección de los tribunales a cátedra para eliminar el sistema instaurado después de la guerra por el cual individuos de gran inexperiencia y poca formación, obtenían sus puestos por su ideología o méritos militares. También se recuperaría una parte del profesorado depurado años atrás. Con respecto al alumnado universitario, y a sabiendas de su nueva composición, se creó la Asociación Española de Mujeres Universitarias con la que se hacía palpable la cada vez más acusada presencia femenina en las universidades, y permitió la ampliación del número de estudiantes en el Consejo Nacional de Educación. A efectos teóricos esto último daba un mayor acceso a las sesiones por parte de los alumnos, aunque en la práctica no tuvieran reconocido el derecho a participar en las votaciones de resoluciones.

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Portada de “Arriba”, órgano periodístico de Falange, con fecha del 11 de febrero de 1956.

A pesar de que en los informes recogidos por el SEU la gran mayoría del alumnado se consideraba “de derechas” o abiertamente apolíticos, el hecho de que accedieran a las universidades estudiantes procedentes de familias que habían sido represaliadas, con una educación laica e inquietudes políticas, hizo que saltaran las primeras alarmas. Éstas se incrementarían gracias también a la inutilidad del SEU para adoctrinar a jóvenes que a pesar de sus inclinaciones políticas habían recibido una férrea educación religiosa e, insertados dentro de las JUMAC/JUFAC (Juventudes Masculinas/Femeninas de Acción Católica), comenzaron a cuestionarse la realidad. Tras las represiones a estudiantes catalanes que apoyaron la huelga de tranvías de Barcelona en 1951, y después del ataque de integrantes del SEU a estudiantes manifestados en contra de la visita de Isabel II a Gibraltar en 1954, sería el 1956 un punto de inflexión.  En busca de una mayor libertad comenzaría a circular por la Universidad Complutense de Madrid un manifiesto hecho por estudiantes en el que se expresaba la necesidad de romper el SEU. Después de un boicot a las elecciones estudiantiles por parte del alumnado al negarse a validar a los candidatos del SEU, éstas fueron suspendidas por Jesús Gay, jefe del sindicato. Esa arbitrariedad impulsó a una primera manifestación que intentaría ser reprimida por falangistas, sucediéndose durante varios días violentos enfrentamientos que se saldaron con el disparo a un falangista. Culpados los estudiantes por este acto que no acabó de esclarecerse fueron arrestados un numeroso grupo de ellos (Múgica, Ramón Tamares y Jose María Ruíz Gallardón serían algunos) y la Complutense cerrada.

Las consecuencias no se hicieron esperar: además de las penas a los estudiantes, Pedro Laín, rector de la Complutense, y Ruíz-Giménez fueron destituidos de sus cargos. El SEU sería desarticulado, y algunas organizaciones clandestinas en la sombra como el PCE fueron rápidamente desmanteladas. El aperturismo sería bloqueado y el control hacia la Universidad se incrementaría, pero esos sucesos serían determinantes ya que pondrían las bases del activo enfrentamiento que desde entonces se llevaría a cabo por una parte del alumnado contra la dictadura de Franco.

 

Vía| Hernández Sandoica, E., Ruiz Carnicer, M.A., Baldó Lacomba, M., (2007): Estudiantes contra Franco (1939-1975). Oposición política y movilización estudiantil, La Esfera de los Libros, Madrid; Tusell Gómez, J. (2005): Dictadura franquista y democracia, 1939-2004, editorial Crítica, Barcelona

Más información| Álvarez, J. (2004): Envenenados de cuerpo y alma. La oposición universitaria al franquismo en Madrid (1939-1970), Siglo XXI, Madrid; Paredes, J (coord.) (2004): Historia Contemporánea de España (siglo XX), Ariel, Barcelona

Imágenes| Portada, SEU, Ruíz Giménez, Arriba

Colaboración publicada el 25/02/2015 en Qué Aprendemos Hoy. Para acceder a ella pincha aquí.

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