El triunfo de la Revolución de los Claveles

Ayer, 25 de abril, se cumplían 41 años desde el triunfo de la llamada Revolución de los Claveles (O 25 de abril para los lusos), un levantamiento militar de gran trascendencia en Portugal que consiguió imponer la democracia en un estado que, agonizante a nivel económico y coartado en cuanto a libertades se refiere, era dominado desde hacía más de cuatro décadas por António de Oliveira Salazar. Si bien este movimiento es recordado por derrocar a una de las dictaduras más longevas de su tiempo, es innegable su importancia al iniciar un período en el que Portugal, alejado de las políticas emprendidas por el Estado Novo de Salazar, puso fin a las incesantes guerras coloniales que la metrópolis, antiguamente poderosa, mantenía con unos territorios que luchaban con ahínco por su propia independencia.

Un soldado retira el retrato de António de Oliveira Salazar (1889-1970), dictador y padre del Estado Novo, después del derrocamiento de Marcelo Caetano (1974).
Un soldado retira el retrato de António de Oliveira Salazar (1889-1970), dictador y padre del Estado Novo, después del derrocamiento de Marcelo Caetano (1974).

En 1932, año en el que en España la II República comenzaba a tomar forma, António de Oliveira Salazar había asumido el poder en el país vecino en calidad de Primer Ministro. La Gran Depresión había afectado profundamente a Portugal, que seguía manteniendo un modelo económico sustentado en las diversas colonias que aún poseía. La oligarquía de la metrópolis, dispuesta a salvaguardar sus intereses, había conseguido establecer una dictadura militar después de que la primera experiencia republicana resultara inviable. En esta dictadura pronto destacaría Salazar, técnico economista, quien en el cargo de Ministro de Finanzas conseguiría resultados satisfactorios. Apoyado por la Iglesia y el ejército, y valiéndose de la buena prensa que su prestigio como economista le había otorgado, instauraría un régimen restrictivo y ultraconservador basándose en el fascismo italiano y las ideas del político francés de extrema derecha Charles Maurras.

Siendo un estado duramente represivo a través de la secreta PIDE (Polícia Internacional e de Defesa do Estado) Salazar y su Estado Novo conseguirían sobrevivir a todos los sucesos que acontecieron a su alrededor, viéndose favorecido por el triunfo de Franco en la Guerra Civil y por su neutralidad durante la II Guerra Mundial, a pesar de la más que evidente afinidad con las Potencias del Eje. Aunque la integración de Portugal en la OTAN como miembro cofundador en 1949 simbolizaba la aceptación total de la dictadura salazarista por parte de la comunidad internacional, el estado necesitaba un estímulo real que le permitiera finiquitar los problemas coloniales que estaban lastrando contínuamente los propósitos de recuperación económica. Mientras Salazar negociaba con China e India con desigual fortuna por Macao y Goa respectivamente, en las colonias africanas estallarían una serie de revueltas; duros enfrentamientos con Angola (1961), Guinea-Bissau (1963) y Mozambique (1964) desestabilizarían completamente Portugal por los elevados costes que suponía entrar en guerra con estas áreas. Mientras Macao era entregada a China Salazar, apoyado por los EE.UU, obtuvo una pacificación parcial en Angola y Mozambique que le permitiría impulsar la instauración en esos territorios de miles de personas procedentes de la metrópolis. Aunque sus intenciones iniciales eran frenar la pobreza reinante que abocaba a multitud de portugueses a emigrar a Europa Occidental y, además, dinamizar las colonias, su política colonial sería a la postre un desastre que le costaría duros enfrentamientos con los generales más veteranos de su ejército.

En septiembre de 1968, después de sufrir una apoplejía, Salazar sería sustituído en el cargo por su antiguo colaborador Marcelo Caetano. Éste decidió mantener una política continuísta, pero la muerte de Salazar y el creciente malestar imperante le harían emprender unas tímidas reformas que le llevarían, entre otras cosas, a suprimir la PIDE. A pesar de ello la censura siguió siendo efectiva incluso dentro del propio ejército. La destitución de António de Spínola como Comandante en Jefe Adjunto después de escribir Portugal y el futuro, obra crítica con el gobierno, sería el desencadenante del levantamiento llevado a cabo por jóvenes militares de ideología izquierdista y auspiciado por destacados ex-combatientes de las guerras coloniales agrupados en el MFA (Movimento das Forças Armadas).

Al igual que la canción “Grândola, Vila Morena”, los claveles repartidos desinterasadamente por la portuguesa de ascendencia española Celeste Caerio se convirtieron en la seña de identidad de un pronunciamiento militar a favor de la democracia.
Al igual que la canción “Grândola, Vila Morena”, los claveles repartidos desinterasadamente por la portuguesa de ascendencia española Celeste Caerio se convirtieron en la seña de identidad de un pronunciamiento militar a favor de la democracia.

El pronunciamiento militar que comenzó el 24 de abril sería un triunfo apenas un día después. El ejército, apoyado por el pueblo, consiguió derrocar al gobierno de forma pacífica siendo trascendental la marcha de Lisboa en donde civiles y militares, con claveles en manos y fusiles, pedían la adhesión de los cuarteles dudosos y la destitución definitiva de Caetano y sus ministros. Ese mismo día, el 25 de abril, Caetano dejaría el poder en manos de Spínola exiliándose a Brasil, país que lo acogería hasta su muerte. La nueva junta pronto decretaría una amnistía general de la que se beneficiarían numerosos opositores al régimen salazarista, además de la supresión definitiva de la policía política. El nuevo gobierno se esforzaría por integrar a todas las fuerzas políticas, si bien acabará forzando la salida del propio Spínola al fracasar su propio intento de golpe de Estado anticomunista en marzo de 1975. Las elecciones celebradas el 25 de abril de ese año darían como vencedores a la izquierda (algo ratificado un año después), constituyéndose un gobierno socialista liderado por Mário Soares que, además de aprobar una nueva constitución, otorgaría finalmente la ansiada independencia a Angola, Mozambique, Guinea-Bissau, Cabo Verde y Santo Tomé y Príncipe.

Pese a que Portugal es en la actualidad uno de los países en donde la crisis económica ha sido más severa, ha conseguido dejar atrás a un estado que, privado de libertades, estaba mermado económicamente y muy atrasado culturalmente, con una de las tasas más elevadas de mortalidad infantil de Europa. Aunque siguen siendo acusados diversos problemas socio-económicos el balance (no siempre exento de polémica) realizado después de varias décadas desde la llegada de la democracia a Portugal es más bien entusiasta. Y es que a pesar de que algunos lusos consideren con cierto desencanto que el derrocamiento de la dictadura fracasó en algunos aspectos clave, otros creen que el hecho de que un ejército se rebelara contra el régimen impuesto fue un hito que permitió mejorar las condiciones de vida de los portugueses y, por supuesto, iniciar la participación ciudadana en la política.

 

Vía| Casassas, J (coord.) (2005). La construcción del presente: el mndo desde 1848 hasta nuestros días, Ariel, Barcelona; Sánchez Cervelló, J. (1997). La revolución de los claveles en Portugal, Arco Libros.

Más información| 40 años de la Revolución de los Claveles – RTVE

Imágenes| Portada, Retirada retrato, Soldados por las calles

Colaboración publicada el 26/04/2015 en Qué Aprendemos Hoy. Para acceder a ella pincha aquí.

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