Una mirada a través del cine: El “orgullo” de ser británico en tiempos de Thatcher

“(…) When you’re in a battle against an enemy so much bigger, so much stronger than you, well, to find out you had a friend you never knew existed, well, that’s the best feeling in the world. So, thank you.”

El 8 de abril del 2013 los telediarios de todo el mundo iniciaban sus emisiones con la noticia de la muerte de Margaret Thatcher. La que fuera una de las mujeres más poderosas del siglo XX fallecía en una habitación del londinense Hotel Ritz a la edad de 87 años, poniendo punto y final a una controvertida vida en donde Margaret (de soltera Roberts) se ganó a pulso el sobrenombre de “La Dama de Hierro”. Y es que la otrora histórica líder del Partido Conservador y Unionista (y a la postre Primera Ministra del Reino Unido entre 1979 y 1990) dirigió con determinación los asuntos de Estado aplicando, siempre que considerara necesario, una inflexible política socio económica.

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En The Iron Lady Meryl Streep se metía en la piel de Margaret Thatcher y, a pesar del gran trabajo de la actriz, la cinta cosechó malas críticas por su parcialidad.

Margaret Thatcher, musa involuntaria atemporal

Mitificada por unos y denostada por otros tantos, Thatcher ha sido sin lugar a dudas una inagotable fuente de inspiración para el mundo cultural. Convertida en el objeto de varias sátiras y en el eje principal de muchas canciones protesta surgidas en los años 80, su vida también ha sido recogida en diversas producciones cinematográficas con mayor o menor fortuna. Es así como vieron la luz los dispares telefilms Margaret (2009) y la premiada Margareth Thatcher: the Long Walk to Finchley (2008), ambas producidas y emitidas por la BBC en Reino Unido. Si bien en estos proyectos se relataban tanto los inicios y últimos momentos de Thatcher como política, solo la última alcanzó cierta popularidad al mostrar el difícil ascenso profesional de una joven Margaret. También en el Reino Unido se gestaría una de las grandes producciones cinematográficas de los últimos años. Con un presupuesto considerable y un reparto de lujo encabezado por la oscarizada Meryl Streep, The Iron Lady (2011) obtendría numerosos galardones y un notable éxito en taquilla, a pesar de las desfavorables críticas especializadas que vieron en el biopic un producto artificial que no se ajustaba a la realidad.

This is England
En This is England su protagonista, Shaun, se adentra en una banda skinhead que, poco tiempo después, se radicaliza con ideas nacionalistas y racistas. La evolución del protagonista y del movimiento skin en Inglaterra le valdría a la película un BAFTA.

Y llegó el cine social británico

Al margen de la vida personal y los logros profesionales de la dirigente, e influenciado inevitablemente por el British social realism (corriente cinematográfica conocida también como Free cinema), el cine británico ha retratado sin pudor la dureza de los tiempos en los que Thatcher estuvo en activo. Tenemos un ejemplo en Riff-Raff (1990) en donde el personaje interpretado por Robert Carlyle muestra los peligros a los que los trabajadores del sector de la construcción estaban expuestos por un salario ínfimo; o en la feroz The Navigators (2001) coproducción hispano-británica que narran las vicisitudes a las que un grupo de operarios de una empresa ferroviaria se ven abocados luego de la nacionalización de la misma. Igualmente mordaces serían This is England (2006) y Awaydays (2009), encarnizadas historias que girarían en torno a una sociedad sin oportunidades laborales en donde los jóvenes de toda una generación encontraron refugio en diferentes subculturas que, con el tiempo, acabarían tergiversándose.

La alargada sombra del Thatcherismo

Billy Elliot
Uno de los mayores aciertos de Billy Elliot fue incluir a los personajes del padre y hermano del protagonista. Individuos de baja condición social y poca formación, durante el film se encuentran inmersos en una lucha por sus derechos como mineros.

Muy recordadas son algunas cintas que, en un tono que oscila entre el drama y la comedia, han conseguido prestigio y celebridad al exponer historias simpáticas que tienen como punto de partida la inestabilidad profesional y social de la Era Thatcher. Full Monty y Brassed Off (estrenadas en 1997) ponían las bases de un tipo de cine crítico en el que el espectador empatiza fácilmente con unos personajes que, castigados por las circunstancias del momento al pertenecer a la industria minera y del acero, se dedican a sortear los contratiempos económicos de los que son víctimas. La senda marcada por ambos films culminaría en pleno año 2000 con el estreno de la premiada Billy Elliot, producción optimista que recogía el sueño de un niño por bailar pero que escondía una severa crítica social. La incomprensión, la intolerancia y la homosexualidad serían otros temas también presentes en un film social que encontraría un contrapunto más que interesante en la reciente Pride (2014).

Pride: la última batalla social

Premiada con un prestigioso BAFTA y respaldada por crítica y público, Pride traería a colación la que actualmente sigue considerándose la última batalla de la clase obrera británica (allá por el 1984) en contra de las políticas sociales y económicas impulsadas por Thatcher. Una huelga a gran escala en donde, contra todo pronóstico, el rechazo unánime al “Thatcherismo” uniría a sectores sociales tan diversos que, a priori, parecían antagónicos. Y ese es su logro, distanciarse de otros films anteriores que solo ilustraban la lucha de los obreros por su supervivencia para explicar la historia real de un grupo de gais y lesbianas afincados en Londres que prestaron asistencia económica a una comunidad minera del sur de Gales. Es así como se nos presentan dos grupos totalmente diferenciados que pertenecían a ámbitos igualmente dispares: por un lado los integrantes de la organización LGSM (Lesbians and Gays Support the Miners) dirigidos por el estudiante irlandés, activista homosexual y comprometido comunista Mark Ashton; por otro lado la comunidad minera de un pequeño pueblo rural de Gales liderada por el también minero Dai Donovan.

Pride
A pesar de la excelente recepción algunos críticos creyeron que Pride comete el error de no incidir en el fracaso final de la lucha de los mineros, dando mayor peso durante el tramo final al logro de gais y lesbianas.

A los primeros se nos presenta al inicio de la película con la primera escena de la película, aquella que nos sitúa en plena marcha del orgullo gay en el Londres de 1984. En un momento en el que el SIDA comenzaba a hacer estragos y la comunidad de gais y lesbianas sufrían la estigmatización social, la escena adquiere una mayor dimensión al presentar un nutrido grupo de jóvenes que, hastiados con la persecución por parte de unas autoridades que los consideraban culpables de la “enfermedad rosa”, decidieron confrontar la situación apoyando al otro colectivo repudiado por Thatcher: los mineros de Gales que, habiéndose adherido a la huelga a gran escala impulsada por sus compañeros de Yorkshire y secundada por los de Escocia, Kent, Durham y Northumberland, parecían relegados. A éstos los vemos más avanzada la trama, cuando los miembros del LGSM consiguen reunir 10.000 libras y deciden viajar a Gales para brindarles su apoyo personalmente. Es a partir de aquí en donde el espectador asiste a momentos desternillantes en donde los dos grupos van reconociéndose mutuamente como un aliado frente al temible enemigo común, cristalizando posteriormente en el apoyo masivo dado por la comunidad minera en la mítica marcha del orgullo gay de 1985 en Londres. Un año en el que, a pesar de todos los esfuerzos llevados a cabo por los mineros y demás obreros de diferentes sectores, las medidas impulsadas por Thatcher incrementarían masivamente el paro y la pobreza entre la sociedad británica.

La homofobia, la irrupción del SIDA, los prejuicios culturales, la represión policial, la tergiversación por parte de los medios afines al gobierno en contra de la comunidades en lucha por sus derechos, el activo papel de las mujeres relacionadas con el sector minero y, por supuesto, la solidaridad entre ambos colectivos son algunos de los puntos fuertes de una película de obligado visionado a todo aquél interesado en profundizar en uno de los períodos más convulsos de la historia reciente de Gran Bretaña. Es de imaginar que, ante el éxito de este tipo de películas, no tardaremos demasiado en ver una nueva comedia dramática que muestre los estragos de las acciones políticas de Thatcher.

Valoración histórica:

La excelente labor del equipo artístico y de producción se debe, en gran parte, al asesoramiento recibido por parte de varios de los protagonistas a la hora de realizar el guión, ambientar la acción y preparar los personajes históricos.

Tanto algunas destacadas personalidades del colectivo minero (Siân James, la esposa galesa de uno de los mineros que a la postre se convertiría en una importante política del Partido Laborista) como otros de la célebre LGSM (Jonathan Blake, el homosexual que fue uno de los primeros británicos diagnosticados del UVH) contaron su experiencia a los responsables de la cinta y ayudaron a contextualizar los hechos de forma adecuada gracias a material inédito muy diverso (fotos, grabaciones, vídeos, etc.). Gracias a ello en la película, rodada en Inglaterra y Gales para darle aún más veracidad, se narran con mayor o menor acierto momentos clave que los protagonistas vivieron, como la recolecta hecha por los gais y lesbianas en Londres, el recibimiento de los mineros galeses al LGSM y la celebración del Día del Orgullo de Gais y Lesbianas en Londres en el verano de 1985. Gracias a ello también contamos con información extra sobre los destinos de algunos de los personajes.

La labor de los encargados de vestuario es digna de mención. Los gais y lesbianas lucen unos looks modernos y cosmopolitas, de clara estética punk. Los cortes de pelo asimétricos, los cabellos teñidos, las botas militares o el maquillaje en hombres y mujeres de los primeros contrastan inevitablemente con el estilismo conservador y austero de los últimos, una disparidad que evidencia su lugar de procedencia, su nivel económico y su propia actitud ante la vida.

De igual forma habría que destacar la banda sonora con canciones propias de la época en la que transcurren los hechos, y la colaboración de algunos grupos con relaciones de amistad con algunos de los personajes ( “The Communards” y Mark Ashton).

 

Vía| Especial Margaret Thatcher – El País, FilmAffinity, The real story of the film Pride – The Guardian

Más información| Cousins, M. (2015). Historia del cine, Blume, Barcelona

Imágenes| Portada, The Iron Lady, This is England, Billy Elliot, Pride

Colaboración publicada el 7/5/2016 en Historia Humana. Para acceder a ella, pincha aquí.

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