Crónica de una histórica marginación: los chuetas

Incomprendidos, perseguidos y marginados. La importante presencia de los judíos en Europa durante el Medievo estuvo caracterizada por una serie de oscuros episodios que marcarían el devenir de una comunidad que, gracias a sus capacidades, ocuparía lugares de preeminencia en las élites intelectuales y económicas de gran parte de los estados europeos. Sin embargo, y a pesar su importancia, las comunidades hebreas y sus descendientes conversos sufrieron lo indecible para poder desempeñar sus actividades profesionales viéndose abocados a una dolorosa exclusión social. Uno de los casos más excepcionales fue el vivido por los descendientes de los judíos en Mallorca, en donde actualmente aún perdura el recuerdo de una histórica marginación producida por un antisemitismo que marcaría de por vida al colectivo.

Cresques
Escultura dedicada al geógrafo mallorquín Jafuda Cresques, hijo del ilustre Cresques Abraham. Inaugurada en el 2007 en la Plaça del Temple, la figura conmemora a una de las personalidades judías más notables de Mallorca.

Atendiendo a las fuentes escritas y a los restos materiales, parece ser que la comunidad judía estuvo presente en el archipiélago balear desde antes de la dominación musulmana. Posiblemente en Mallorca desde época romana, los judíos centraron sus esfuerzos en actividades económicas relacionadas mayoritariamente con el comercio, unas ocupaciones a las que también se dedicarían posteriormente cuando los omeyas instauraran su dominio sobre la isla. Ligados íntimamente al complejo aparato burocrático musulmán, y coincidiendo con una época de bonanza, es muy probable que la comunidad hebrea de la isla jugara un papel más que determinante en el desarrollo cultural de la espléndida Medina Mayurqa (actual Palma de Mallorca).

Con un barrio propio en la ciudad, y con pequeñas comunidades repartidas por gran parte de la geografía isleña, todo evidencia que parte de los judíos pudieron financiar la conquista de Mallorca por parte de Jaime I el Conquistador. El monarca, después de llevar a cabo la hazaña, respetaría sus antiguos privilegios otorgándoles su valiosa protección y, si bien la comunidad hebrea se regiría con leyes propias, estarían sometidos al poder real. A la vez que la repoblación era un hecho y la isla acogía a otros hebreos procedentes de Tortosa, Tarrega, Narbona, Marsella y Alejandría, la situación se complicaría progresivamente. A la opresiva política fiscal que los monarcas del Reino de Mallorca fueron sometiéndolos en diferentes épocas, se añadiría la cesión a los dominicos de gran parte de su antiguo barrio para que la orden pudiera erigir el desaparecido Convento de Santo Domingo.

Creados un barrio amurallado específicamente para el uso de una comunidad en continuo crecimiento (conocido como Call Major) y un espacio en donde aún mantenían parte de sus negocios (el Callet o Call Menor) los judíos vivirían en primera persona los ataques de unas masas cristianas que sufrían las incesantes crisis económicas. De importancia capital para los monarcas debido a su asistencia financiera, la revuelta campesina de 1391 culpabilizaría a una comunidad que, atacada en sus barrios de Palma e Inca, optaría por la conversión o el exilio. Confiscados sus bienes, saqueados sus negocios y hogares, desprotegidos por las autoridades y menguados en número por los asesinatos acontecidos, los pocos que conservaron su credo acabarían convirtiéndose definitivamente al cristianismo en 1435.

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La estigmatización social se vio favorecida por el reconocimiento de lo que se consideraron los 15 linajes malditos: Aguiló, Bonnín, Cortés, Forteza, Fuster, Martí, Miró, Picó, Piña, Pomar, Segura, Valls, Valentí, Valleriola y Tarongí. Actualmente no se cree que los portadores de apellidos como Abraham, Bofill, Bonet, Daviu, Duran, Homar o Vidal sean chuetas, aunque el origen de los mismos sí es judío.

Aunque las autoridades consideraron que las últimas conversiones significaban el final de la comunidad judía en Mallorca, las violentas coacciones que habían motivado el abandono de sus creencias religiosas no impidieron que muchos de ellos practicaran la religión judía en el interior de sus hogares. Esta situación clandestina se mantendría sin demasiados problemas hasta finales del siglo XV, cuando inquisidores procedentes de la península impulsaron medidas punitivas contra aquellos individuos que seguían ligados al judaísmo. Miles de mallorquines serían llamados ante la Inquisición y centenares de familias serían reconocidas como criptojudías.

Señalados como elementos peligrosos dentro de la sociedad mallorquina del momento, y perjudicados notablemente por los Estatutos de Sangre, los conversos intentarían sortear la hostilidad en su contra concentrándose en barrios y organizaciones mercantiles y gremiales hasta que, beneficiados por la irrupción de otros fenómenos religiosos (como el protestantismo), la Inquisición relajó su férreo control sobre ellos. Sería a partir de entonces cuando, con mayor poder de acción, los conversos conseguirían resurgir económicamente aprovechándose de sus contactos con otras comunidades foráneas de conversos o con núcleos judíos dedicados al comercio.

Es muy posible que el auge económico experimentado por los conversos atrajera nuevamente la atención de la Inquisición, ya que después de 1673 éstos volverían a vivir una persecución incesante a raíz de la detención y posterior muerte del joven madrileño Alonso López y de las confesiones realizadas por habitantes cristianos en su contra. La Inquisición actuaría enérgicamente contra cientos de personas y, aunque muchos de los acusados reconocieron haberse apartado de la “verdadera fe” (abjuración) pidiendo el retorno a la Iglesia (reconciliación), a partir de 1679 se realizaron varios Autos de Fe por la imposibilidad de un gran número de acusados de hacer frente a las exorbitantes cantidades de plata que la institución les demandaba. Con sus bienes embargados y sus posesiones destrozadas, algunos de los que salieron de prisión huyeron precipitadamente de Mallorca; otros optaron por quedarse, si bien los continuos procesos inquisitoriales y las penas extensibles a la progenie de los condenados los colocaron en una posición muy perjudicial. Y es en este momento, con un panorama económico y social muy desalentador, cuando el despectivo término chueta (xueta en catalán) comenzó a ser empleado para referirse a todos aquellos cristianos descendientes de conversos que supuestamente eran proclives al judaísmo.

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El intento de Carlos III de suprimir los impedimentos para que los chuetas pudieran acceder a puestos de importancia aboliendo los gremios y eliminando los estatutos de sangre no tendría validez en la práctica. La segregación y la opresión siguieron imperantes.

La publicación de “La Fe Triunfante” (del teólogo jesuita Francesc Garau) impondría que los descendientes de los conversos vivieran a partir de 1691 en un evidente ostracismo. Marcados por los procesos que ellos mismos o algún familiar directo habían vivido, y señalados por portar un apellido que denotaba su origen judío, los chuetas optarían de nuevo por reagruparse para facilitar una mayor colaboración, acentuándose de nuevo la endogamia que ya habían ido practicando. Recortados sus derechos sociales, e impedidos para ejercer en diferentes profesiones o detentar cargos públicos civiles y religiosos de importancia, a partir del siglo XVIII algunos chuetas que tenían un destacado papel en la cultura mallorquina lucharon activamente para la equiparación en derechos y en trato con respecto a los cristianos viejos. Estos intentos fueron largamente frustrados por las instituciones mallorquinas, quienes llegaron a solicitar el beneplácito de Carlos III para confinar a los descendientes de los conversos en núcleos controlados en Menorca y Cabrera. El rey, informado de la problemática mallorquina, fallaría a favor de los últimos estableciendo en tres Reales Cédulas una cierta igualdad de derechos profesionales y laborales.

Durante el siglo XIX, y gracias a la coyuntura existente, los chuetas consiguieron sortear sus limitaciones accediendo a puestos de cierta relevancia. Sería así como muchos de ellos pudieron hacerse un hueco dentro de algunas instituciones civiles o, debido a su exquisita formación, convertirse en destacados intelectuales de la Reinaxença (movimiento cultural en los territorios de habla catalana). Ese cambio con respecto a su pasado reciente haría que un pequeño pero importante grupo de chuetas de ideología progresista incentivara la lucha social iniciada en épocas anteriores, algo que entró en conflicto con los deseos de anonimato del resto de chuetas de marcado talante conservador. Los chuetas, hasta entonces cohesionados en beneficio de su propia supervivencia, experimentarían una ruptura sin precedentes.

La apertura económica hacia otros sectores, las transformaciones políticas y urbanas, y la llegada paulatina de mano de obra foránea a Mallorca a principios del siglo XX fueron un revulsivo para los chuetas. Durante la dictadura de Primo de Rivera se intentarían eliminar los últimos resquicios de marginalidad permitiendo que diferentes personalidades chuetas pudieron desarrollar carreras de importancia. Esos intentos de tumbar los recelos y las barreras sociales se intensificarían durante la II República, haciendo que muchos chuetas (posteriormente represaliados) simpatizaran con ideologías progresistas. A pesar del perceptible cambio de mentalidad de la sociedad mallorquina con respecto a ellos, los chuetas volverían a vivir una situación delicada cuando, en plena Segunda Guerra Mundial y a instancias de Falange y de la Alemania Nazi, se realizaran listados de familias mallorquinas de origen judío con el objetivo de una futura deportación a diversos campos de exterminio. Solo la providencial intervención del obispo Josep Miralles i Sbert daría al traste con dichos planes, al engrosar las listas a un número prácticamente inviable para las autoridades.

A pesar de que la evolución social y el cambio generacional ha supuesto el final de un amargo rechazo hacia los chuetas, aún actualmente siguen dándose casos discriminatorios. Y es que además de seguir utilizándose el término “chueta” (y otras variantes, como xuetó) como un descalificativo muy grave, en algunos núcleos sigue estando mal visto mantener cualquier tipo de relación con un descendiente de conversos. Por el contrario muchos chuetas mantienen un interés vivo por su propia historia familiar a través de publicaciones, investigaciones y asociaciones realizadas para dar a conocer su pasado colectivo y demostrar que se ha superado una época represiva en donde durante siglos se les hizo sentir vergüenza y miedo por su origen.

 

Vía| Casasnovas, Miquel À. (2007). Història de les Illes Balears, Editorial Moll, Palma de Mallorca; Cortès, G., & Serra, A. (1985). Historia de los judíos mallorquines y de sus descendientes cristianos (Vol. 5), M. Font editor.

Recurso audiovisual (en catalán)| Documental de IB3: Xuetas, història d’una infamia

Más información| Red Juderías, The Jewish Story

Imágenes| Portada, estatua, judería , Real Cédula

Artículo escrito para Tempus Fugit.

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