El Borbón liberal que participó en las Cortes de Cádiz

En el pasado artículo publicado hace unos días en este blog hice una breve composición de Fernando VII, el rey absolutista que ha sido considerado por muchos el peor soberano de la historia de España. Leyendo sobre su persona y su familia, me encontré con una vaga referencia a un familiar que, en las antípodas ideológicas del monarca, había sido represaliado por éste una vez el rey volvió a territorio español. Un noble perteneciente a la familia real que, sin embargo, había estado marcado desde su nacimiento por ser considerado un Borbón “de segunda”. Una llamativa discriminación que, tal vez, fuera forjando una personalidad que le dio entidad propia. Porque Luis María de Borbón y Vallabriga fue el único miembro de su familia que prefirió quedarse en una España invadida y en guerra cuando su familia se dirigía a un exilio relativamente ocioso, y que pagó caro su compromiso con la causa liberal tiempo después.

Goya
Luís María de Borbón y Vallabriga (1777-1823) mantendría contacto con Francisco de Goya durante toda su vida. Protegido por Luis de Borbón, que era su mecenas, Goya pintaría para la familia en más de una ocasión. En la imagen, el óleo sobre lienzo Retrato de Luis María de Borbón y Vallabriga, Niño, estudiando Geografía (1783).

Luis María de Borbón y Vallabriga nació el 22 de mayo de 1777 en Cadalso de los Vídrios. Hijo del infante Luis de Borbón y Farnesio y la aristócrata aragonesa María Teresa de Vallabriga, su nacimiento se produjo en unas condiciones un tanto hostiles. Su progenitor, hijo del mismísimo Felipe V y de Isabel de Farnesio, había abandonado la carrera eclesiástica por su nula vocación religiosa. Inclinado a las artes, la música, la caza y la esgrima, había obtenido de Carlos III el permiso para tomar esposa y formar una familia a condición de que el matrimonio fuera morganático y, en consecuencia, su futura descendencia privada de cualquier distinción o derecho. Alejado forzosamente la Corte a instancias de su hermano, se le concedió la mano de la bella María Teresa, hija de una notable pero insignificante familia de aristócratas y militares. Luis María, un hijo muy deseado por su padre, sería el primero de los tres tenidos por la pareja. Tres niños que a pesar de sus lazos familiares con la casa de Borbón, fueron privados durante parte de su vida de su apellido y de cualquier tipo de reconocimiento.

Poco se sabe de su infancia más allá del poco cariño que parecían profesarse el pequeño Luis María y su madre, quien culpabilizaba a su marido del ostracismo social en el que se hallaban. Con una relación más significativa con su padre, el pequeño quedaría huérfano de éste en 1785. Carlos III, viendo que la descendencia de su hermano menor podía suponer una amenaza a los intereses dinásticos de sus propios vástagos, decidiría recluir a sus sobrinas en un convento y mandar a Luis María al cuidado de Francisco Antonio de Lorenzana como paso previo a una carrera eclesiástica similar a la que tuvo Luis de Borbón. Luis María pareció aceptar con gusto su destino, pues a diferencia que su progenitor él sí tenía vocación religiosa.

En 1794, habiendo alcanzado cierta relevancia, se le fue concedido el título de conde de Chinchón. Por expreso deseo suyo tal deferencia sería cedida en 1803 a su hermana María Teresa de Borbón y Vallabriga que, casada con Manuel Godoy, había trabajado sin descanso para que tanto ella como sus hermanos fueran reconocidos como parte de la casa de Borbón. Con tratamiento de Alteza Real (y posteriormente como Grande de España) Luis María ascendería rápidamente bajo la protección de su cuñado, y si bien el valido se convertiría en su principal valedor, sus méritos le permitieron ser arzobispo de Sevilla y de Toledo. Pero su prometedora carrera se vería interrumpida por la inestabilidad política que culminaría con el inicio de la Guerra de Independencia (1808-1814). Negándose a exiliarse como el resto de su familia, que había cruzado la frontera, Luis María iniciaría su huida a Andalucía instalándose en Cádiz, baluarte de la resistencia española. En este lugar, y acorde a su talante liberal, el eclesiástico participaría en las Cortes de Cádiz impulsando la firma del decreto por el cual insólitamente se suprimía la poderosa Inquisición.

El 3 de mayo de 1808 en Madrid
El tres de mayo en Madrid (1813-14) es una de las obras más icónicas de Goya. Tanto este lienzo como su pareja (La carga de los mamelucos) fueron realizados durante la regencia de Luis María de Borbón.

Su labor en las Cortes de Cádiz y su compromiso con la causa liberal le daría el impulso suficiente como para desarrollar una significativa carrera política en un momento de gran angustia. Provisto del respeto y apoyo de gran parte de los liberales Luis María sería designado como regente una vez las tropas francesas fueron vencidas en 1813. A la espera del retorno de El deseado, Luis María trabajaría sin descanso para velar por la obra de las Cortes sin imaginar que a la vuelta de Fernando VII todo se vendría abajo. Ya vimos en el artículo sobre este monarca como éste, apoyado por su camarilla personal, altos mandos militares, funcionarios de instituciones liquidadas por los liberales y buena parte de la jerarquía eclesiástica se afanaría por retrotraer al reino a un período anterior a la terrible experiencia que había supuesto la guerra. Para ello no dudaría en eliminar cualquier tipo de medida tomada por las Cortes, cuya obra se vio suprimida y sus integrantes perseguidos. Luis María no sería una excepción.

Fernando VII, a sabiendas de la popularidad que el eclesiástico había tenido en su ausencia, le perdonaría la vida. A cambio, el rey lo apartaría de la vida política y le obligaría a renunciar al arzobispado de Sevilla. Sin poder hacer nada por sus compañeros liberales represaliados o en el exilio, Luis María se dedicaría a proseguir su carrera eclesiástica a pesar de la férrea oposición del sector más reaccionario. Durante la restauración absolutista sería testigo de la incapacidad política de su primo que, obligado por las circunstancias, en 1820 daría paso al llamado Trienio Liberal. Comprometido políticamente como antaño, y siendo llamado por buena parte de los exiliados que retornaron, el eclesiástico volvería a plena actualidad política formando parte del gobierno liberal. Un gobierno que, por su labor con la causa, le recompensaría con el Toisón de Oro en 1820. Pero con una salud cada vez más delicada, el Borbón iría apartándose poco a poco de la vida pública hasta finalmente fallecer en marzo de 1823, año en el que Fernando VII, al amparo de la Santa Alianza, pondría fin a la experiencia liberal.

Vía| Martorell, M. & Juliá, S. (2012). Manual de historia política y social de España, RBA, Madrid.; Rodríguez López-Brea, C.M. (2002). Don Luis de Borbón, el cardenal de los liberales (1777-1823), Junta de Comunidades, Castilla-la Mancha

Imágenes| Portada, Luis María, Goya

Artículo escrito para Tempus Fugit.

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