Las hetairas, las mujeres más libres de Grecia

Una vez me dijeron que todos seguíamos siendo griegos. Se me razonó (no sin cierta lógica) que a los griegos no solo les debíamos multitud de logros científicos, culturales y sociales, sino también una cultura hedonista que, a pesar de los numerosos intentos del poder civil y religioso por reprimirla, había pervivido en Occidente durante cientos de años. Cierto es que a los griegos les debemos la filosofía, las matemáticas o la democracia, así como también su confeso gusto por el disfrute de todos los placeres que la vida nos ofrece, pero conviene recordar que la sociedad griega era profundamente misógina. La mujer era, simplemente, “una degeneración física del hombre”, un ser incompleto que era visto como una propiedad adicional del marido, guardiana del hogar y protectora de su familia. Este rol de la mujer fue perpetuado por una élite griega que, concebida para el disfrute físico e intelectual, jamás consideró otro papel para las féminas. Sin embargo, dentro de la sociedad griega y de esa realidad tan gris para la mujer, había notables excepciones.

Friné se dispone a bañarse en la playa de Eleusis (1889)
Friné se dispone a bañarse en la playa de Eleusis (1889), obra del pintor polaco Henryk Siemiradzki.

Las hetairas (en singular hetaira o hetera) eran, posiblemente, las pocas mujeres que gozaban de una situación ventajosa a pesar de su género. ¿Quiénes eran? El término griego hacía referencia a un conjunto de mujeres independientes y libres de diverso origen que ejercían, en torno al siglo IV a.C., la prostitución en Grecia. Su existencia se basaba en proporcionar placer a los griegos de esa élite que, por estatus social y económico, podían disponer de los servicios de las mujeres griegas más bellas y preparadas. No podemos obviar que a diferencia de otras prostitutas también ejercían como damas de compañía, siendo sus servicios muy cotizados y bien pagados. Sabemos de ellas a través de ciertas referencias, siendo especialmente clarificador lo expresado por el orador y político ateniense Demóstenes en su Contra Neera:

Tenemos a las heteras para el placer, a las concubinas para las necesidades diarias de nuestro cuerpo y a las esposas para que nos den hijos legítimos y sean fieles guardianas de nuestros hogares.

A pesar de ser ésta una de sus funciones principales, las hetairas eran algo más que mujeres que prestaban un desahogo sexual, tal y como podría pensarse desde la actual perspectiva moral. Estas cortesanas, a diferencia de las pornai (prostitutas comunes) y del resto de mujeres griegas, habían sido instruidas desde muy jóvenes para poder bailar, cantar y recitar poemas en los frecuentes banquetes en donde eran alquiladas. Pero su esmerada educación iba más allá, puesto que las hetairas eran muy competentes intelectualmente. Eran refinadas, solían estar a la vanguardia de la moda, eran probadas oradoras, cultivaban sus habilidades musicales tocando uno o más instrumentos, poseían vastos conocimientos filosóficos y a menudo solían ser escuchadas en conversaciones sobre política. Tanto sus opiniones como sus creencias eran respetadas, pues se creía que sus pensamientos eran más valiosos que los que podían ofrecer las esposas.

Si bien es el grado de formación cultural lo más interesante de este colectivo, no puede eludirse otro aspecto que las diferenciaba del resto de mujeres: la libertad económica. Insólitamente las hetairas podían disponer de patrimonio y dinero propio, el cual administraban a voluntad. Asimismo, en virtud de sus cuantiosas ganancias (se llegaba a decir que una de ellas podía cobrar en un día más que diez prostitutas comunes juntas) y de su riqueza patrimonial, las hetairas estaban obligadas a pagar impuestos como cualquier otro ciudadano.

Resulta difícil, desde la perspectiva actual, comprender lo que era ser una hetaira. Algunos investigadores, no sin razón, han subrayado el paralelismo entre estas cortesanas griegas y las afamadas geishas japonesas o las más desconocidas qiyan. Las hetairas eran, en el sentido más completo de la palabra, compañeras especiales. Brindaban satisfacciones sexuales a sus clientes, pero el disfrute iba más allá del aspecto más físico y primitivo. Estas mujeres griegas podían estar unidas en exclusividad a un solo cliente durante meses o años, acompañándole en lugares públicos y recibiendo por parte de éste atenciones que difícilmente podía conseguir la esposa. Una hetaira era amante, amiga y aliada, una mujer valiosa que se preocupaba por atender a su compañero y agradarlo en extremo, ofreciendo tanto atención como distracción muy poco banal.

Posiblemente la hetaira más célebre fue Aspasia de Mileto. Procedente de una familia adinerada, Aspasia recibió una espléndida educación. Maestra en retórica y avanzada pedagoga, se rodeó de los más ilustres pensadores de la época. Su activismo cultural y su importancia social ha favorecido que sea vista como una de las mujeres más importantes de la Grecia Clásica.
Posiblemente la hetaira más célebre fue Aspasia de Mileto. Procedente de una familia adinerada, Aspasia recibió una espléndida educación. Maestra en retórica y avanzada pedagoga, se rodeó de los más ilustres pensadores de la época. Su activismo cultural y su importancia social ha favorecido que sea vista como una de las mujeres más importantes de la Grecia Clásica.

A pesar de que se ha perdido mucha información, hasta nosotros han llegado diversas informaciones que validan las hipótesis sobre ellas. Así, sabemos que a través de su belleza y de sus diversos servicios, algunas hetairas consiguieron un prestigio social considerable. Por un lado tenemos la certeza de que algunas de ellas obtuvieron celebridad por ser inspiración de algunos afamados artistas que las utilizaron como modelos. Y es que, siendo conscientes de que buena parte de su fama se debía a su llamativo físico, éstas cuidaban su cuerpo y vestían sin pudor prendas coloridas y transparentes que dejaban a la vista sus principales atributos. Por otro lado tenemos a aquellas que alcanzaron preeminencia y poder gracias a la unión con algún hombre influyente. Algunas de las más importantes cortesanas fueron Aspasia, amante de Pericles; Friné, amante y modelo del escultor Praxíteles; Tais, compañera de Alejandro Magno y de Ptolomeo I; o Campaspe, amante de Alejandro Magno y musa del pintor Apeles.

Eran mujeres poco convencionales que a pesar de romper las barreras impuestas hacia su género tuvieron que sortear muchos obstáculos por su profesión. La belleza, la inteligencia y la sofisticación de las que hacían gala no siempre les fue favorable, siendo especialmente significativo el caso de una hetaira llamada Lais de Hicara que, por lo que sabemos, fue linchada en un templo de Afrodita por un grupo de esposas celosas. La propia Aspasia, mencionada anteriormente como la compañera más conocida del político Pericles, fue el blanco de mordaces comentarios que la siguieron señalando aún habiendo acabado su relación con el ateniense. Y no podemos dejar de mencionar a Friné, concubina unida a Praxíteles que, acusada y enjuiciada por impiedad, fue absuelta luego de mostrar al jurado la belleza desnuda de su cuerpo. Tal vez para liberarse de ese estigma social, algunas intentaron encontrar cierta respetabilidad convirtiéndose en las compañeras estables o esposas de algún ciudadano, contraviniendo así la prohibición que las obligaba a no poder contraer matrimonio.

 

Vía| Fabregat, M. (2005). Hetairas: las cortesanas de la antigua Grecia. Historia National Geographic, 15, 23-26; Mossé, C. (1995). La mujer en la Grecia clásica (Vol. 12). Editorial Nerea.

Más información| Hetairas, más que simples prostitutas – Ciencia Histórica, La gran Aspasia de Mileto – Nueva Tribuna

Imágenes| Portada, Aspasia

Artículo escrito para Tempus Fugit.

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3 comentarios en “Las hetairas, las mujeres más libres de Grecia

  1. Hola Romina, me ha encantado esta entrada. Estoy haciendo un trabajo para la universidad sobre esta mujeres, pero no encuentro por ningún lado el número que has citado del National Geographic. ¿Podrías informarme de dónde encontrarlo? Un buenísimo trabajo el que has hecho, un saludo.

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    1. ¡Hola Estefanía! Primero de todo te agradezco el comentario y que la entrada te haya gustado. Lamentablemente el número citado lo tenía en papel, por lo que simplemente tuve que rescatarlo. Sin embargo, haciendo un pequeño rastreo, he conseguido encontrarlo escaneado en internet. Aquí te dejo el enlace, espero que te sirva: https://app.box.com/shared/gg0vqzzzuj
      Un saludo y, de nuevo, gracias.

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