Cuando un jesuita italiano se hizo famoso en la China de los Ming

Hace unos meses tuve la oportunidad de asistir a la exposición realizada por CaixaForum sobre la mítica dinastía Ming, que dominaría durante casi tres siglos un basto territorio que viviría una época de gran prosperidad durante su mandato. Lo cierto es que la exposición mostraba una pieza magnífica que probaba el interesante intercambio cultural entre Europa y un estado que, a pesar de su férrea defensa de los valores tradicionales, asumió los conocimientos técnicos, matemáticos y cartográficos exportados por algunos intrépidos extranjeros fascinados por un lugar tan misterioso como lo era la China de entonces. Esa pieza, de enormes dimensiones, era una reproducción del que fue el primer mapamundi elaborado a finales del siglo XVI por el jesuita Matteo Ricci.

Matteo Ricci
Aunque la labor religiosa de Matteo Ricci no fue del todo aprobada por la Santa Sede, el italiano consiguió impulsar las misiones jesuitas en territorio chino siendo consciente de la necesidad de adaptarse a una sociedad reacia a abandonar sus tradiciones. Las misiones se mantendrían hasta mediados del siglo XVIII, cuando la orden comenzó a vivir su propio declive y dejó de ser respaldada por Roma.

¿Quién fue este misionero? No se sabe demasiado de su infancia, pero Matteo Ricci tuvo una vida singular. Nacido en Macerata el 6 de octubre de 1552 en el seno de una familia ilustre, Ricci inició desde muy niño una excelente formación académica que le empujó a abandonar la ciudad para irse a vivir a Roma. Allí se dedicaría a estudiar derecho, aunque con 19 años tomó la decisión de formar parte de la Compañía de Jesús. Esta orden religiosa, fundada en 1534 por Ignacio de Loyola, había aprovechado los contactos comerciales entre asiáticos y portugueses para penetrar en numerosas ciudades de Asia y predicar el cristianismo. Matteo Ricci se trasladaría a Coímbra para proseguir su formación, solicitando meses después permiso para ser parte de una nueva expedición misionera a Asia. Con 26 años el jesuita abandonaría Lisboa rumbo a Goa, donde completaría sus estudios convirtiéndose en sacerdote.

Parece ser que el italiano permaneció dos años en la India, donde estuvo predicando el cristianismo junto al resto de sus hermanos. Con el tiempo se le presentaría una nueva oportunidad, que consistía en viajar a Macao para proseguir con su labor evangelizadora en uno de los enclaves portugueses más importantes del continente asiático. Matteo Ricci, junto a su compatriota y también sacerdote jesuita Michele Ruggieri, llegaría a Macao y una vez allí, al poco tiempo, obtendría el insólito permiso otorgado por el emperador Wanli (decimotercer emperador de la dinastía Ming, de nombre personal Zhu Yijun) para acceder a ciudades chinas hasta entonces prohibidas para los europeos. Ocultando que su intención era difundir una religión extranjera, Ricci se establecería en Zhaoqing (en la provincia de Cantón) por un largo período de tiempo. En ese lugar el sacerdote se dedicaría a aprender el idioma y a aproximarse a las costumbres y a la cultura milenaria de sus gentes.

El objetivo de su estancia en la ciudad era darse a conocer entre la población local y conseguir dominar su idioma para, de esta forma, facilitar la evangelización masiva. El italiano, que acabaría adoptando la forma de vestir china, era un avezado matemático y astrónomo que pronto se haría conocido en el lugar, especialmente entre los intelectuales chinos con los que entabló relación. Gracias a la ayuda de sus colaboradores, el jesuita confeccionaría en Zhaoqing, en lo que parece el encargo personal del gobernador de la provincia, el llamado Kunyu Wanguo Quantu. Basado en los conocimientos cartográficos europeos de la época, este mapamundi (de algo más de 1,5 m. de ancho y 3,6 m. de largo) incluía el continente americano, el Océano Pacífico y los territorios asiáticos con unas proporciones bastante correctas. Asimismo, además de integrar en el mapa a Europa, África y el Mediterráneo de una forma muy adecuada, el italiano realizó todo tipo de anotaciones que incluían desde vagas descripciones de esos lugares hasta breves explicaciones sobre hechos históricos trascendentales.

El mapamundi, que sirvió para plasmar los valiosos conocimientos del sacerdote y proporcionar a los exploradores y eruditos chinos un documento cartográfico lo suficientemente fehaciente, pronto dio notoriedad al sacerdote. Y aunque Ricci consiguió adeptos gracias a su trabajo, sabemos que fue obligado a irse de Zhaoqing para establecerse en otra ciudad vecina sin que podamos saber las causas exactas de esta acción. En la nueva ciudad, donde permanecería unos años, el sacerdote se haría famoso entre algunos otros eruditos chinos. Su labor académica en el campo de las ciencias iría pareja a su trabajo como misionero, ya que aprovechó la estancia en el lugar y su amistad con individuos poderosos para predicar la fe católica. Su notable dominio del idioma y la aproximación que había hecho para conocer los hábitos locales le convenció de lo improbable que sería predicar al estilo tradicional. Por ello, Ricci apostó por adaptar la religión a las costumbres chinas con el único interés de hacer más entendible el credo. Es así como, aún con la desaprobación de la Santa Sede, el sacerdote comenzó a predicar en chino por diversas provincias acuñando en ese idioma términos religiosos que actualmente siguen siendo empleados.

Especialmente interesante fue la amistad y colaboración entre Matteo Ricci y Xu Guangqi, quienes traducirían al chino los Elementos de Euclides. Este último, convertido al catolicismo en 1603 con el nombre de Paul,
Especialmente interesante fue la estrecha colaboración entre Matteo Ricci y Xu Guangqi, que traducirían al chino Elementos de Euclides. Xu Guangqi, convertido al catolicismo en 1603, también se mostraría muy crítico con la decadencia cultural, económica y social que estaba sufriendo China bajo el gobierno de los últimos emperadores Ming.

Desautorizado a establecerse en Pekín como era su deseo, Ricci fue viajando por China propagando la fe y trabajando habitualmente con otros intelectuales con los que intercambiaba conocimientos. Con un nutrido grupo de seguidores de toda condición que habían adoptado la religión extranjera, continuó viajando incansable por algunas ciudades preeminentes hasta que el emperador Wanli, enterado de las acciones del jesuita por las historias que se narraban en la corte imperial, lo mandó llamar en enero de 1601 para que acudiera a la capital. Viendo en este hecho sin precendentes una recompensa a su esfuerzo, en Pekín el sacerdote siguió trabajando en los numerosos proyectos que se le presentaban. El emperador Ming, interesado en la labor intelectual del occidental, le instaría a que realizara más mapamundis (de los que se conservan pocos) seducido por la idea de conocer tanto el alcance real de sus dominios como el emplazamiento de otros reinos y territorios de los que hasta el momento no tenía demasiadas noticias.

Aunque estos encargos le privaron de mucho tiempo, el sacerdote jamás olvidó el que consideraba su verdadero propósito. Consolidada su posición dentro de la corte y admirado por sus conocimientos científicos, Ricci escribiría tratados morales que tuvieron una especial acogida entre el funcionariado. Las conversiones comenzaron a ser frecuentes, estableciéndose comunidades católicas por toda China. Su colaboración con otros hombres de ciencias locales también le resultaron beneficiosas, ya que gracias a ello pudo conocer y asimilar mucha de la ancestral sabiduría china, traducir al latín algunas de las obras chinas más importantes y dejar testimonio escrito sobre su experiencia en un territorio que, tradicionalmente cerrado, seguía siendo un misterio para los europeos. Matteo Ricci, incansable hasta el final, moriría en Pekín el 11 de mayo de 1610 dejando un valioso legado que perduró incluso cuando las misiones jesuitas en Asia, a raíz de ciertos sucesos, llegaron abruptamente a su fin.

 

Vía| Spence, Jonathan (2002). El palacio de la memoria de Matteo Ricci: un jesuita en la China del siglo XVI, Barcelona, Tusquets Editores.

Más información| Enciclopedia Católica Online

Imágenes| Portada, Ricci, Elementos

En Tempus Fugit| El cristianismo en Japón: expansión, persecución y ostracismo

Artículo escrito para Tempus Fugit

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s