Franz Jägerstätter, el insumiso campesino del Tercer Reich

¿Quién asume la responsabilidad de lo que yo haga como soldado? Yo no puedo luchar para que Hitler domine el mundo. ¿Hay algo peor que tener que matar y robar a aquellos que defienden su patria y, además, para ayudar a la victoria de un poder antirreligioso?

El hombre, desde tiempos inmemoriales, ha mostrado un talento innato para dar lo mejor y lo peor de sí mismo. Esa dualidad ha quedado patente a lo largo de la historia tanto a través de los innumerables horrores que han sido perpetrados como por los casos de aquellos héroes anónimos que, aún jugándose su vida, pusieron todo su empeño en hacer del mundo un lugar mejor cuando éste estaba sumido en la oscuridad. En las siguientes líneas hablaré de un hombre cuya historia, que será llevada al cine por el prestigioso director estadounidense Terrence Malick, suscitó todo tipo de opiniones: traidor para muchos y ejemplo a seguir para otros tantos, pagó un alto precio por defender con enérgica determinación aquello en lo que firmemente creía.

Retrato de Franz Jägerstätter (1907 – 1943).

Franz Jägerstätter fue un campesino austriaco nacido en 1907. Hijo natural de Rosalía Huber y de Franz Bachmeier (que fallecería combatiendo durante la Primera Guerra Mundial sin haberlo reconocido), su infancia en Sankt Radegund fue poco feliz. A su condición de hijo bastardo de una pareja sin recursos que no se había casado se sumaba la separación forzosa con una madre que, habiéndolo dejado al cuidado de su abuela, solo volvería a hacerse cargo de él una vez contrajera matrimonio. La severidad con la que su padrastro (un campesino llamado Heinrich Jägerstätter) lo crió y el desapego que sentía por su madre fueron suficiente para que Franz desarrollara durante su juventud una rebeldía que lo hizo conocido en su pueblo. Y es que el joven, que prefirió trabajar en el sector metalúrgico antes que en el campo, se hizo famoso entre sus vecinos por su vida disoluta y su incapacidad para controlar su difícil carácter.

Habiendo disfrutado de una alocada adolescencia, con apenas 20 años Franz decidiría sentar cabeza casándose y formando una familia. Padre soltero de una hija de la que siempre se hizo cargo económicamente, Franz desposaría a una joven llamada Franziska Schwaninger con la que, después de la boda, partiría a Roma de peregrinación. De confesión católica, se cree que ese viaje marcó un punto de inflexión en la vida de Franz; se afirma que fue durante su estancia en La Ciudad Eterna cuando Franz abrazó realmente su fe. De regreso a su pueblo se asentó como agricultor y empezó a colaborar activamente con su parroquia. Alarmado ante el rápido avance del nazismo en Austria, consciente de las agresivas políticas raciales de Hitler y sensibilizado con el dolor ajeno, Jägerstätter mostró desde un principio una actitud crítica con el nazismo. En su opinión, compartida con otros católicos muy poco afines al ideario hitleriano, cualquiera que se consideraba un buen católico no podía ser un nacionalsocialista convencido.

Con un excelente casting en donde destaca el actor alemán August Diehl (que encarnará a Jägerstätter) Malick vuelve a sumergirse en la Segunda Guerra Mundial para narrar en “Radegund” los acontecimientos vividos por Franz y su familia a través de la correspondencia que se intercambiaron Jägerstätter y su esposa. Se cree que la cinta se estrenará en otoño del 2018.

Esta postura queda demostrada desde el 1938. Sabemos que cuando Hitler convocó el plebiscito el 10 de abril de 1938 para legitimar el Anschluss (la anexión de Austria a la Alemania Nazi), Franz fue el único de su pueblo en votar en contra. Esta acción le puso oficialmente en el punto de mira de los nazis, ya que el voto no era secreto y la papeleta debía ser rellenada por todo ciudadano en presencia de los oficiales de las temidas SS. Ese acto de indomabilidad, que también le reportaría la animadversión de gran parte de sus vecinos, se tornaría aún más firme una vez estallara la Segunda Guerra Mundial. Llamado a filas desde 1940, Franz haría todo lo posible para evitar el alistamiento. Intentó eludir el frente haciendo alusión a la incompatibilidad existente entre sus profundas creencias religiosas y el arte de la guerra, y al complicado momento personal que atravesaba: al nacimiento de su tercera hija se sumaba la precaria salud de su madre. Nada de ello tuvo el efecto deseado y entre 1940 y 1943 (aunque con breves períodos de permiso para visitar a su familia y atender su trabajo) sirvió dentro del ejército nazi. Gracias a la correspondencia que se conserva entre él y su esposa, se sabe que los horrores de la guerra lo traumatizarían hasta el punto de impulsarle a tomar una drástica decisión. El 25 de febrero de 1943 se negó a incorporarse de nuevo al ejército y, personándose el 1 de marzo, presentó oficialmente su objeción de conciencia. Habida cuenta de sus “antecedentes”, y separado de su mujer e hijas, fue mandado a la prisión de Linz pocos días después. Jamás volvería a ver a su familia.

Trasladado posteriormente a Berlín fue acusado ante un tribunal militar y condenado a muerte el 6 de julio. A pesar de que algunas personalidades locales intentaron interceder por él, la sentencia sería ratificada una semana después. Su negativa a retractarse y a buscar un acuerdo por el bien de su familia serían rechazados por él mismo. Con 36 años, Franz era guillotinado en Brandeburgo. Tenemos constancia de que durante sus últimas semanas se dedicó a orar, a escribir y a apoyar moralmente a otros prisioneros que se encontraban en idéntica situación. Su valentía y especialmente su trágico final le llevarían a ser en 2007 beatificado durante el pontificado de Benedicto XVI. Al sentido acto, que tuvo lugar en la catedral de Linz, asistirían orgullosas su viuda y sus cuatro hijas, siendo la última una total desconocida para su padre. Y es que Franz Jägerstätter sería ajusticiado en agosto de 1943, cuando su cuarta hija contaba con apenas 6 días de vida.

 

Vía| García Pelegrín, J. M; Cristianos contra Hitler, Madrid, Libros Libres, 2011.

Imágenes| Portada, Franz Jägerstätter, Radegund

Colaboración publicada el 28/6/2017 en Qué Aprendemos Hoy. Para acceder a ella, pincha aquí.

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