Ampurias, la más importante colonia griega en Iberia

La Costa Brava no es solo un lugar que ofrece sol, playa y, para algunos, fiesta. Lo cierto es que toda esta zona costera, que empieza en Blanes y acaba en Portbou, ofrece uno de los patrimonios histórico-artísticos más impresionantes que se conservan en la actualidad. Y es que esa zona vio florecer Ampurias, una de las ciudades más importantes de la Antigüedad; una colonia griega que pervivió durante siglos y que, a sabiendas de su importancia, fue clave en algunos de los sucesos históricos más significativos que tuvieron lugar en el Mediterráneo.

La llegada masiva de focenses a Emporion (que en griego significa “mercado”) después de la Batalla de Alalia favoreció en buena medida a la ciudad, que a su vez influiría notablemente en las poblaciones indígenas vecinas que entraban en contacto con la colonia. Las relaciones económicas darían paso a intercambios a todos los niveles.

Entre las ciudades de la Antigua Grecia que protagonizaron el gran movimiento de colonización del Mediterráneo a partir del siglo VIII a.C, una de las más activas fue Focea (en Ásia Menor). Los focenses, según Heródoto, fueron de los primeros entre los griegos en desplazarse por el Mediterráneo realizando grandes distancias, contactando con numerosas poblaciones ya existentes y accediendo, como consecuencia, a muchos de los recursos con los que esas factorías o ciudades contaban. Se sabe, gracias a las fuentes escritas y las evidencias arqueológicas, que estos griegos crearon una ruta comercial que les llevó a establecerse en diferentes territorios y fundar núcleos como Massalia (la actual Marsella) y, posteriormente, otros enclaves en la península Ibérica como Mainaké (Málaga) o Hemeroskopeion (Denia). Pero de todas ellas la más notable sería Emporion (Ampurias), fundada en torno al 575 a.C. por focenses procedentes de Massalia, un área muy propicia para las actividades comerciales. Los hallazgos nos han permitido saber que con toda seguridad la zona en la que se asentaron estos colonos había sido ocupada anteriormente por una población autóctona que había mantenido contactos lucrativos con otras ciudades, siendo éste casi con toda seguridad el catalizador que favoreció la fundación griega.

El primer núcleo importante de Emporion se erigió en un reducido istmo que pronto facilitó los contactos con otras comunidades. Debido a ello la ciudad consiguió abastecerse rápidamente de metales y alimentos (en esencia cereales) intercambiando con las comunidades indígenas vecinas productos manufacturados tales como tejidos y cerámica. Estos fructíferos vínculos ayudarían a que el pequeño núcleo colonial de Emporion (conocido como Palaiápolis) creciera a mediados del siglo VI a.C., dándose origen a otro asentamiento más al sur llamado Neápolis. La pequeña bahía portuaria aumentaba a marchas forzadas gracias al notable crecimiento demográfico y económico experimentado a consecuencia de la actividad comercial. El esplendor de Emporion, que favoreció la introducción en Iberia de numerosas innovaciones tales como el alfabeto, la escritura y la moneda, se vio ligeramente interrumpido en torno al siglo III a.C. al verse envuelta inevitablemente en la Segunda Guerra Púnica.

La implicación de la ciudad en el conflicto resultó clave. Y es que la hostilidad existente entre la ciudad y Cartago era notoria desde que la expansión mediterránea de esta última había privado a las colonias griegas más occidentales de relaciones con sus respectivas metrópolis. Desde entonces Cartago y Emporion habían mantenido una clara rivalidad que posteriormente les llevaría a enfrentarse una vez la potencia norteafricana entrara en conflicto con Roma. Cuando los cartagineses, con los Bárcidas a la cabeza, se desplazaran a Iberia en busca de recursos minerales con los que solventar sus graves problemas económicos, Emporion decidiría enviar emisarios a Roma para avisar del rápido avance cartaginés por la península Ibérica y solicitar ayuda. Tito Livio establece que, una vez la Segunda Guerra Púnica estallase, la ciudad serviría como base para el desembarco del ejército romano que, comandado por Cneo Cornelio Escipión, arribaría a la península Ibérica en el 218 a.C. El desembarco, efectuado para cortar los suministros del también célebre Aníbal Barca, sería el inicio de la ocupación romana en Iberia.

Ilustración que representa la llegada de Cneo Cornelio Escipión (tío del famoso Publio Cornelio Escipión “el Africano”) a Emporion. Jamás retornaría a Roma. Después de batallar durante 8 años, este general perdería trágicamente la vida al ser quemado vivo junto a sus hombres.

Finalizada la guerra, Emporion viviría una época de esplendor. Con plena autonomía política, la ciudad se convertiría en el principal núcleo urbano que daría entrada al muy valioso comercio itálico. Su poder económico le llevaría a emprender nuevas reformas arquitectónicas y estructurales que beneficiaron aún más sus actividades comerciales y mercantiles, aunque sin perder su identidad griega. La revuelta indígena del 197 a.C. empujaría a los romanos a instalar, al oeste de la ciudad griega, un campamento militar estable (praesidium) que finalmente originaría un tercer núcleo. En época de Augusto las tres partes de la ciudad (dos núcleos griegos y uno romano) pasarían a integrarse en una sola realidad jurídica y política, el municipum Emporiae, que viviría una época de florecimiento sin parangón que acabaría en el último cuarto del siglo I d.C. En época flavia, totalmente ensombrecida por Tarraco y Barcino, la ciudad se iría abandonando hasta quedar reducida, ya en el siglo IV d.C., al núcleo original, la Palaiápolis.

Aunque es innegable la pérdida de esplendor que vivió la antigua Emporion en beneficio de otras ciudades colindantes, es de justicia señalar que las evidencias indican que la ciudad se mantuvo habitada hasta el siglo IX, convirtiéndose en sede episcopal durante la Antigüedad Tardía y en importante capital del condado medieval de Ampurias.

 

Vía| Domínguez Monedero, A.J. Los griegos en España, Madrid, Arco Libros, 1996; Mar, R & De Arbulo. Ampurias Romana: Historia, arquitectura y arqueología, Editorial Ausa, 1993.

Más información| La seu d’Empúries – Museu d’arqueología de Catalunya

Imágenes| Portada, Poblado indígena, Ilustración

Artículo escrito para Tempus Fugit

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