Vida y muerte de Aurora Picornell, “la Pasionaria” mallorquina

Parece una obviedad decir que las mujeres han sido poco reconocidas a lo largo de la historia, siendo aún más notorio cuando esas mujeres pertenecieron a una generación que fue sesgada por el infortunio y la crueldad de una guerra fratricida. En las siguientes líneas no hablaré de nuestra terrible Guerra Civil, pues mi voluntad es rescatar la figura de una de esas mujeres valientes que, habiendo obtenido un especial crédito en su tierra, ha pasado muy desapercibida en otros territorios.

Aurora Picornell Femenies, conocida posteriormente como “la Pasionaria de Mallorca”, fue una mujer adelantada a su tiempo. Nacida en 1912 en un barrio costero de Palma de Mallorca, la que fue una inquieta niña se convertiría tiempo después en escritora, sindicalista y activista. Su padre, un carpintero local llamado Gabriel, influenciaría notablemente a sus hijos al ser uno de los principales líderes comunistas de la isla. Aurora, la sexta de sus hijos, recibió una educación poco convencional que la llevaría a escribir, con apenas 16 años, su primera obra. El rompedor escrito, realizado junto a otras dos compañeras de Granada y Barcelona, y que llevaría por título La mujer, ¿es superior al hombre? Estudio dividido en tres meditaciones (1928), abriría a Aurora las puertas de los latentes círculos feministas de la época.

Denostado por el PCE años después de su muerte, Heriberto Quiñones (segundo por la izquierda) fue una de las figuras más misteriosas del candente panorama político de entonces. Nuevos estudios han determinado que detrás de la identidad del asturiano ideológicamente comprometido se escondía Harmut Heine, un espía soviético procedente de Besarabia (actual Moldavia). Encarcelado después de la Guerra Civil, sería fusilado 5 años después que su esposa.

Su inteligencia, su apasionada oratoria y su amistad con algunas relevantes personalidades del mundo cultural y político de Mallorca le harían formar parte de la llamada “Liga Laica”, no sin antes comenzar a colaborar con destacados semanarios políticos y sindicales. Tanto una cosa como otra demostraban a la tradicional sociedad mallorquina que, a pesar de su juventud, Aurora tenía una madurez y unas dotes extraordinarias que la situaron en un plano de referencia en ámbitos hasta entonces dominados por hombres. Las páginas de “Ciutadania” serían las primeras en recoger los artículos de una joven de 18 años que, dedicándose profesionalmente a la costura, denunciaba bajo el seudónimo de Amanecer las condiciones de los trabajadores, llamaba a la necesaria formación de sociedades sindicales y señalaba, con nombre y apellidos, a los que ella consideraba los auténticos opresores: los principales caciques mallorquines. A estas colaboraciones, a las que seguirían otras tantas en medios como “Nuestra Palabra”, marcarían sin saberlo su existencia.

Afiliada al Partido Comunista Español después de un breve período militando en la Juventud Republicana Federal, Aurora se convertiría en una de las principales figuras políticas de la isla. Y es que sería ella quien se encargase de organizar el sindicato de costureras de Mallorca con el que pretendía luchar contra la precariedad laboral al que se veían sometidas sus compañeras. Mucho más comprometida ideológicamente, también se afiliaría al Socorro Rojo Internacional (que aparecería con fuerza en España en 1934) en unas fechas cercanas a su traslado, por diversos motivos, a Valencia. En esa ciudad del levante peninsular Aurora se casaría con el destacado agente de la Komintern (III Internacional Comunista) Heriberto Quiñones, al que había conocido anteriormente cuando él, casi con toda probabilidad, se encontraba cumpliendo condena en Mallorca a razón de su activismo político. Al lado de su compañero sentimental Aurora iniciaría una nueva andadura política que culminaría en 1934, cuando la cooperación velada de su marido en la Revolución de 1934 la devolviera forzosamente al cobijo de su familia en Mallorca. Mientras ella permanecía pacientemente en Baleares, Quiñones estaría en prisión hasta 1935.

Sabemos que su actividad política se intensificó entre 1934 y 1936, tiempo en el que residió brevemente en Menorca. Organizadora y responsable de la sección femenina del PCE en Mallorca, sus intervenciones en mítines políticos fueron en aumento hasta que, detenida y juzgada junto a otras compañeras por vender ejemplares de “Nuestra Palabra” que contenían lo que supuestamente era material subversivo, fue mandada a prisión. Durante su estancia entre rejas siguió escribiendo haciéndose eco de las penosas condiciones en las que estaban viviendo y denunciando el trato injusto que se les profesaba, consciente de que sus escritos aumentaban cada vez más la animadversión hacia su persona por parte del sector conservador. Recuperada su libertad, Aurora seguiría colaborando con su marido en diversos frentes sin perder de vista sus propios intereses. Con la dirección del Socorro Rojo Internacional y de “Nuestra Palabra” en su mano, impulsó que las mujeres mallorquinas fueran ganando peso en el panorama político y social del momento mientras que, por las noches, se dedicaba junto a otros compañeros a ayudar a niños sin recursos a leer y escribir.

La familia Picornell Femenies fue duramente represaliada. A la muerte de Aurora hay que sumarse el asesinato de su padre y el de sus hermanos mayores, Ignasi y Gabriel. Sus otros hermanos (Joan y Llibertat) salvarían su vida al encontrarse en Barcelona al inicio de la guerra, aunque posteriormente tuvieron distinta suerte. Llibertat se exiliaría primero a México y luego a Francia, donde establecería su residencia en la década de los 50. Joan lucharía en la Segunda Guerra Mundial junto a la Resistencia Francesa, pero fue detenido y enviado a Dachau.

Su frenética actividad se interrumpiría en 1936. Habiendo recorrido muchos de los pueblos hablando de los abusos hacia los trabajadores y de la necesaria emancipación de las mujeres, en la primavera de ese año Aurora y su marido marcharían a Madrid para que Heriberto, enfermo de tuberculosis, fuera debidamente tratado de su dolencia en la capital. Dicen que el azar hizo que el matrimonio coincidiera con Dolores Ibárruri, que a sabiendas de que la situación cada día era más delicada pareció ofrecerles prolongar su estancia en la ciudad. Tanto Aurora como Heriberto rechazarían la propuesta alegando razones personales. Y es que la hija de ambos, una niña de corta edad llamada Octubrina Roja, se encontraba en Mallorca junto a la familia Picornell.

A partir de entonces los acontecimientos se precipitaron. El golpe de Estado triunfaría en Mallorca, lugar en el que rápidamente se iniciaría una persecución en contra de los principales elementos de la izquierda. Aurora fue, junto con otros dirigentes del Frente Popular, una de las primeras personas que se entrevistó con el gobernador civil para exigir armas en un vano intento de aplacar la sublevación. Sabiéndose uno de los principales objetivos, Aurora se refugiaría en la Casa del Pueblo donde sería detenida el 19 de julio. Retenida por falangistas liderados por el marqués de Zaya, sería conducida a la prisión provincial para, en noviembre de 1936, ser enviada a la tristemente célebre prisión de mujeres de Can Sales.

Las negociaciones que su marido llevó a cabo desde Barcelona para obtener su liberación fracasaron estrepitosamente. Aurora, sentenciada a muerte desde el preciso momento en el que fue detenida, sería fusilada por un grupo de falangistas la noche del 5 de enero de 1937 junto a Catalina Flaquer, Antònia Pascual, Maria Pascual y Belarmina González frente al cementerio de Porreres. Hay muchas leyendas que giran en torno a su muerte, ya que se cuenta que Aurora (que tenía 24 años cuando falleció) fue torturada y abusada sexualmente, y que estaba embarazada en el momento de su ejecución. Se dice también que a la mañana siguiente de su muerte un falangista, de profesión repartidor, mostró orgulloso el sostén ensangrentado de Aurora en un bar del barrio natal de ella. Nada ha podido comprobarse, pero lo que sí es completamente cierto es que esa fría noche la izquierda mallorquina perdía uno de sus principales símbolos. Una mujer a la que definieron como una persona de gran energía y optimismo que destacaba por su elegancia, su talento para la escritura y su verbo fácil. Perteneciente a una de las familias más señaladas y represaliadas de Mallorca, la suya es la historia de una mujer cuya importancia podría equipararse al de otras mujeres como Rosa Luxemburgo o la misma Dolores Ibárruri.

 

Vía| Ginard i Féron, D. Aurora Picornell (1912-1937): de la història al símbol, Palma, Edicions Documenta Balear, 2016.

Más información| Quetglas, J. Aurora Picornell. Escrits 1930-1936, Pins del Vallès, Associació d’Idees, 2012.

Imágenes| Portada, Quiñones, Picornell

Artículo escrito para Tempus Fugit

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