Cuando Menorca se convirtió en el último reducto balear del Islam

Hoy, en esta primera entrada del año, traigo a Tempus Fugit un artículo un tanto especial sobre un episodio no demasiado conocido sobre Menorca, la isla más oriental y septentrional de las Baleares. Tal y como sabemos Jaime I el Conquistador (1208-1276),planeando llevar a cabo su política expansionista, fijaría sus ojos en el archipiélago balear acometiendo una colosal empresa que le llevaría a obtener el dominio de Mallorca (1229) y de Ibiza (1235). Sin embargo Menorca tardaría más de medio siglo en ser sometida, convirtiéndose en el último reducto de un reino musulmán antaño floreciente.

Mapa en el que pueden verse los territorios que formaban el Reino Privativo de Mallorca. Sobre la problemática entre los reyes de la Corona de Aragón y los monarcas del Reino de Mallorca escribí una serie de artículos que pueden leerse aquí.

Antes de que Alfonso III el Liberal (1265-1291) procediera a la conquista definitiva de la isla en 1287, Menorca había sido incorporada a los dominios de Jaime I a través del llamado Tratado de Capdepera (1231) por el que los menorquines acordaban reconocer al monarca como su señor obligándose a pagar un tributo anual. A cambio Jaime I se comprometía a concederles la posesión de sus tierras, la libre práctica del Islam y una amplia autonomía interna. Aunque para algunos resultara una maniobra demasiado peligrosa, Jaime I consideró que era necesario alcanzar con la población menorquina un pacto lo más ventajoso posible que le reportara el dominio de Menorca y que le permitiera centrar todos sus efectivos y esfuerzos en la ansiada conquista de Valencia. Este acuerdo significó un punto de inflexión para la isla, que rompía la vinculación de Menorca con los almohades para convertirse en una taifa completamente independiente.

Por lo que podemos suponer este periodo fue para la taifa de Menorca bastante fructífero. Además de mantener un aparato estatal independiente de cierta envergadura, sus habitantes anualmente hicieron frente a un tributo que no dejó de tornarse más exigente con el paso del tiempo. La población, que se había multiplicado por el establecimiento de refugiados mallorquines que habían huido después de la toma de la isla, vivía mayoritariamente en el campo dedicándose especialmente a labores agrícolas o ganaderas. Ciutadella (por entonces llamada Madina al-Yazira) se mostraba como el núcleo urbano más potente, albergando los edificios civiles y religiosos más importantes y a la población dedicada a actividades burocráticas o comerciales. Pero a pesar de que la isla fue preponderante a nivel económico y cultural, políticamente se mostró inestable.

No tenemos demasiados detalles debido a la pérdida de documentación, pero parece ser que el cadí Abû ‘Abd Allah Muhammad (que además de ser cadí o juez también debió ser caíd o caudillo militar), que había firmado el tratado de sumisión con Jaime I en nombre de los menorquines, fue depuesto en 1234. Poco importó que el monarca le hubiera dado en la práctica el gobierno de la isla de forma vitalicia, pues una conspiración interna fraguada por una facción rival lo derrocaría en favor de Sa’îd ibn Hakam. Éste, astútamente, había ido recabando apoyos a través de alianzas y regalos costosos entre los notables musulmanes al mismo tiempo que iba estrechando lazos con Jaime I. Aunque no está del todo probado, es muy posible que el rey estuviera enterado de lo que iba a acontecer y que, sin colaborar directamente en la conspiración, no hiciera nada para evitar la caída en desgracia de un gobernante que el monarca consideraba de dudosa lealtad.

Ibn Hakam, natural de Tavira (Portugal), gobernó Menorca hasta su muerte en 1282. Hombre extremadamente culto, ejerció de mecenas potenciando el florecimiento cultural de la isla al mismo tiempo que remodelaba el complejo aparato burocrático para dar entrada a secretarios y ministros que le ayudaron a gobernar Menorca con mano de hierro. Este último aspecto limitaría para siempre su poder, pues pasó a partir de entonces a depender de la voluntad de los notables de la isla (en su mayoría los jefes de los grandes clanes familiares), convocados obligatoriamente en los momentos de crisis. Rodeado de rivales, aunque querido por su pueblo a pesar de su gobierno autocrático e integrista, Ibn Hakam destacaría especialmente como gobernante y poeta. Su corte en palacio estaría repleta de intelectuales andalusíes con los que intercambiaba impresiones sobre ciencias tan dispares como la medicina o la historia. Especialmente diestro con las letras, sería recordado por una ingente producción literaria en donde se incluyen bellísimos poemas y otros hermosos escritos en prosa.

La Catedral de Santa María de Ciutadella se construyó encima de la mezquita principal de la ciudad. La mezquita debió ser uno de los elementos más característicos de la ciudad musulmana, aunque pocos datos se tienen de ella. La catedral sería mandada a construir por Alfonso III pocos días después de conquistar la isla, aunque no se comenzó a erigir hasta el año 1300.

Hombre de excepcionales virtudes políticas y gran energía, Ibn Hakam construiría una flota compuesta por poderosas naves de guerra y una guardia de mercenarios. Para entonces las relaciones diplomáticas entre la taifa y los reyes cristianos se habían ido deteriorado. Jaime I dejaría la taifa de Menorca integrada dentro del compacto Reino Privativo de Mallorca, lo que supuso que a partir de entonces sus habitantes pasasen a ser vasallos directos de los monarcas de la Casa Real de Mallorca. Éstos inaugurarían un periodo turbulento caracterizado por su lucha con sus parientes y señores feudales, los monarcas de la Corona de Aragón, que ansiaban integrar de nuevo a sus dominios unos territorios que consideraban de gran valor. La situación empeoraría a la muerte de Ibn Hakam. Abû Umar ibn Sa’îd, su hijo, se vería atrapado en el pulso político de las dos ramas familiares e, incapaz de sobrellevar la situación, rendiría la isla en 1287 después de que Alfonso III, a instancias de su padre Pedro III el Grande (1240-1285) lanzara una expedición de castigo con la que pretendía despojar a su tío Jaime II de Mallorca (1243-1311) de los territorios que formaban su reino.

Con la toma de Menorca por parte del monarca aragonés se cerraba una etapa dorada en donde la isla había destacado como núcleo cultural y centro diplomático de primer orden. La población musulmana, que presentaría resistencia, sería esclavizada y expulsada de sus territorios, que pasaron a manos del monarca. Abû Umar y su familia serían deportados al norte de África y Menorca, orgullosamente conocida por ser el último de los territorios baleares en mantenerse inalterable frente al imparable avance cristiano, pasaba desde entonces a ser repoblada, tal y como había pasado tiempo atrás con las otras islas, por individuos de origen catalán.

 

Vía| Casasnovas, Miquel À. Història de les Illes Balears, Palma de Mallorca, Editorial Moll, 2007

Imágenes| Catedral, mapa

Artículo escrito para Tempus Fugit

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