Ocio y diversión durante la Segunda República Española

Mucho se ha escrito (y se escribirá) sobre la polémica Segunda República Española (1931-1936), pero no es mi intención incidir una vez más sobre un régimen que despierta pasiones y críticas por igual. En este artículo quiero hablar de cómo durante la República, a pesar de su inestabilidad política, se consiguió desarrollar todo un ocio de multitudes debido al triunfo del cine sonoro, a la emisión en la radio de contenidos no solo musicales o la expansión de las representaciones de obras teatrales de diversa índole más allá de las grandes urbes. Con la Segunda República nacía una nueva manera de divertirse que cambiaría para siempre la forma de entretenerse (y relacionarse) de todos aquellos que la vivieron.

Aunque Madrid se destacó en la prensa como la ciudad que concentraba la mayor parte de la vida cultural española, es innegable que en ese sentido otras ciudades rivalizaron en importancia con la capital. Un buen ejemplo lo encontramos en Barcelona, ciudad en la que podía encontrarse “El Paralelo”. Esta arteria de 200 metros repleta de bulliciosos teatros y famosos cabarés llegó a ser comparada con el Broadway de Nueva York.

Al proclamarse la Segunda República el 14 de abril de 1931, la radio era un medio que gozaba de mucha presencia dentro y fuera de nuestras fronteras. Por entonces ya era considerada una buena distracción, a tenor de que gran parte de su contenido era musical. A partir de 1931 la programación se diversificó. Los cuplés de la famosa Raquel Meller, los pasodobles, las tonadillas y las coplas de la afamada Estrellita Castro fueron cediendo espacio a contenidos muy variados en donde encontramos desde teatro escrito únicamente para radio hasta programas de cocina, así como una suerte de boletines informativos que narraban los principales acontecimientos que habían sucedido durante la jornada. En 1934 se incluirían en las programaciones radiofónicas las retransmisiones de eventos deportivos de cierta trascendencia en donde, como es de suponer, destacarían los encuentros futbolísticos comentados en directo.

Fue precisamente durante esta etapa, en la que estas innovaciones dejaron atrás el concepto de radio en la que solo se podía escuchar música, cuando se incrementó la afición por este medio de comunicación. Visto como un medio que conjugaba con acierto información y entretenimiento (aunque solo las emisoras de las principales ciudades podían trabajar durante las franjas de mañana, mediodía, tarde y noche), la radio sería especialmente trascendental a la hora de acercar a los oyentes los agitados sucesos políticos que iban desarrollándose y que culminaron con la Guerra Civil.

El advenimiento de la República coincidiría en el tiempo con el auge del cine sonoro. Gestado durante los últimos años de la década anterior no sería hasta los años treinta cuando este nuevo cine tuviera difusión en España, aunque ello pusiera en jaque la industria española. La producción española, que contaba con importantes títulos del cine mudo como La aldea maldita (1930), no estaba en disposición de competir con las grandes producciones que llegaban desde el extranjero. Sin protección de ningún tipo contra la masiva llegada de películas foráneas, sería en estas fechas cuando se crearon los primeros estudios que estarían destinados a afianzar los avances que se realizaron entonces. Y es que CIFESA (Valencia), CEA (Madrid) y Orphea Films (Barcelona) consiguieron sacar adelante una maltrecha industria que, obligada a adaptarse a las circunstancias, y aún superada por el éxito de la competencia extranjera, originó grandes títulos de la mano de Luis Buñuel y especialmente de Florián Rey, uno de los mayores exponentes de la industria cinematográfica española. Melodía de arrabal (1933) o Nobleza baturra (1935) – la superproducción que se estrenaría simultáneamente en una treintena de ciudades españolas – darían a conocer al gran público no solo historias que les empujaron a soñar, sino también a artistas que fueron catapultados al estrellato como Imperio Argentina, apadrinada por la también célebre Pastora Imperio.

En cuanto al ámbito literario se refiere, la proclamación de la Segunda República estaba llamada a romper con un periodo que había sido difícil para las letras. La dictadura de Primo de Rivera (1923 – 1930) había favorecido el surgimiento de toda una generación de literatos que ilustraron en parte de su producción literaria el ambiente opresivo que se respiraba gracias a la censura. Con la República se abría todo un mundo de posibilidades que iría parejo al interés que comenzó a despertar la lectura entre gentes de diversa clase y procedencia. Faltaríamos a la verdad si se omitiera que durante la Segunda República existió censura (siendo acusada en ciertos medios escritos), pero fue durante estos años cuando, en vistas de unas nuevas políticas llamadas a paliar el acuciante analfabetismo de la sociedad española del momento, se empezó a consumir todo tipo de lecturas. La creación o consolidación de algunas importantes editoriales favoreció que, además de las novelas románticas, el gran público comenzara a interesarse por la novela negra, la novela bélica (entre ellos, el conocido clásico antibelicista Sin novedad en el frente del escritor alemán Erich Maria Remarque) y por escritos de temática política. Las obras tildadas de “revolucionarias” intentarían ser respondidas por otras colecciones desde ámbitos culturales conservadores. La labor de las editoriales de nuevo cuño y la organización de certámenes o ferias literarias (la I Feria del Libro de Madrid se llevó a cabo en 1933), fueron de gran utilidad para acercar al gran público producción nacional e internacional de gran calidad.

Grandes literatos de la llamada “Generación del 27” que ya se habían hecho un nombre encontrarían mayor difusión a sus obras durante el periodo republicano. Autores tan conocidos como Federico García Lorca adquirirían personalidad e, influenciados tanto por movimientos culturales como por otros autores extranjeros, escribirían algunas de sus obras más recordadas. A propósito de García Lorca, el prolífico autor se consagraría definitivamente como dramaturgo a raíz de su “trilogía lorquiana”Bodas de Sangre (1933), Yerma (1934) y La casa de Bernarda Alba (1936) – convirtiéndose en todo un referente del teatro español. Varias de sus obras, junto a las de otros grandes títulos de autores como Rafael Alberti, serían representadas con gran éxito enriqueciendo una cartelera que ya de por sí era muy variada. Muy aclamadas por crítica y público fueron las obras de Jacinto Benavente, Ramón del Valle-Inclán, José Pemán y Alejandro Casona, cuyas producciones fueron representadas a lo largo y ancho de la geografía española gracias a compañías itinerantes.

El público de entonces encumbraría a algunos artistas, siendo la más famosa la que es considerada la auténtica musa del teatro republicano: Margarita Xirgu. La gran dama del teatro patrio se haría un nombre en la escena española al interpretar de forma brillante algunas obras de Valle-Inclán y prácticamente todas las de García Lorca.

Surgida en 1932 por iniciativa de Federico García Lorca y Eduardo Ugarte, esta compañía de teatro universitario estuvo orientada desde sus comienzos a renovar la escena española y a difundir los grandes clásicos en zonas rurales.

También fue en estos años cuando se produjo la profesionalización del deporte y, muy especialmente, el ensalzamiento del fútbol como espectáculo. Es durante la República cuando el “deporte rey” despertó el interés de muchos apasionados, a razón de los primeros grandes fichajes que imponían una nueva visión muy alejada del romanticismo de antaño. El fútbol profesional estimularía la pasión que aún a día de hoy se mantiene entre los aficionados. Muchos de los clubes existentes no pudieron adaptarse a los nuevos tiempos y acabaron desapareciendo o fusionándose con equipos rivales. Otros, en cambio, consiguieron hacerse un nombre gracias al buen hacer de algunos de sus más importantes jugadores (entre ellos, el mítico guardameta Ricardo Zamora). La llegada de los primeros jugadores extranjeros a la Liga y las excelentes actuaciones de una selección que, con partidos tan memorables como los cuartos de final disputados en el Mundial de 1934 contra la Italia de Mussolini, forjarían el célebre “arrojo hispánico” en los terrenos de juego, pondrían los cimientos de un deporte que ocuparía las primeras páginas de la prensa especializada. 

La emergente prensa deportiva también se haría eco de otros importantes hitos, como la despedida del púgil guipuzcoano Paulino Uzcudun Eizmendi (campeón de España y tricampeón de Europa en la categoría de “peso pesado”) en Nueva York o la celebración de la Primera Vuelta Ciclista a España en 1935. Organizada por, entre otros, Juan Pujol (director del periódico filo nazi y ultraconservador Informaciones), este acontecimiento sumó adeptos en España a la creciente pasión por la velocidad.

La cruenta Guerra Civil acabaría por interrumpir cualquier tipo de espectáculo. Muchas de las personalidades relevantes en el mundo cultural que habían emergido u obtenido popularidad durante los años treinta emprendieron el camino del exilio o se enfrentaron a un trágico destino, aunque otras decidieron quedarse y seguir con sus respectivas carreras. El nuevo régimen, decidido a implantar una nueva cultura llena de tópicos y censura, se esmeró en controlar todas las formas de entretenimiento de la población. La Segunda República sería recordada más por los desmanes políticos que en ella tuvieron lugar que por la renovación absoluta de las artes y el mundo cultural que durante esos años consiguieron entretener a la población española de una forma hasta entonces nunca vista.

 

Vía| Casals i Meseguer, Xavier. “¡La República se divierte! Éxitos y estrellas en tricolor”. Clío, Revista de Historia 82 (2008): 26-35; Escolar, Hipólito. Historia del libro español. Madrid, Editorial Gredos, 1998; Faus Belau, Ángel. La radio en España (1896 – 1977): Una historia documental. Taurus, 2007; García Fernández, Emilio. El cine español entre 1896 y 1939. Barcelona, Editorial Ariel, 2002; Tuñón de Lara, Manuel. “Medio siglo de cultura española.” Estudios Sindicales y Cooperativos 15-16 (1970): 140-143.

Imágenes| Portada, Barcelona

Colaboración publicada el 25/01/2018 en Revista Éufrates. Para acceder a ella pincha aquí.

 

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